Nota aclaratoria: Todos los textos y dibujos publicados en este espacio son creados por la imaginación aturdida de la autora. Todo es ficción. Cualquier parecido con la realidad...


sábado, 23 de enero de 2016

Calata mood

Son las once. Tú estás en casa con una pijama secreta. Raquel duerme y yo leo. Me pongo reflexivo. Estiro el brazo para coger la taza de café y rompo un espejo irresponsablemente olvidado en la mesa de noche. Hago añicos todos los buenos presagios puestos en mi matrimonio.
Estoy lleno de recuerdos y datos imprecisos. En las noches me da por acordarme y no quisiera no batallar solo. Quisiera compartir algunas de mis memorias contigo y saber tu valoración de las mismas. Por tu carácter, sé que sabrías aportarme objetividad. Sobre todo en momentos como este, en los que no llego a ninguna conclusión lógica porque no puedo dejar de pensar en tu pijama secreta. Soy muy curioso. Soy un adicto a las pijamas de mujer en verano. Y al rivotril. Pero eso ya lo sabes, es cuento viejo. Tu interés en esa información en una escala del 1 al 10, probablemente sea de 2. Siendo generosos.
Esas cosas te aburren porque, en realidad, no te caigo tan bien, solo me soportas.
A esta hora ves películas, tratas de hacer yoga o fumas un cigarro en la ventana de tu cuarto, pero nunca, bajo ninguna suplica, te tomas una foto para mí. Me dejas todo el tiempo imaginándote la postura, la sonrisa. Y bueno, también la ropa interior.
Me escapo del cuarto y pongo el disco de Sweet Smoke que me regalaste. Te imagino ahora china, muy china, bailando y sonriendo con tus dientes grandes.
Te escribo preguntándote si puedes hablar un rato y me respondes que estás caminando por la calle y que podrías tropezar. Te digo que es la choteada más rara que me han dado en toda la vida y por ende la más humillante. No respondes, solo te ríes como de costumbre con excesiva amabilidad.
Creo que me soportas mejor cuando no tienes nada que hacer y estás en casa, en pijama y despeinada. Pero tu mejor humor para hablar conmigo siempre es bien temprano, cuando sales de la ducha y te estás alistando para ir a trabajar. Así, en calata mood, nunca me has rechazado.


martes, 5 de enero de 2016

Una cerveza, por favor.

Le digo que no me gusta el ceviche, con cara de asco. Pero estoy mintiendo. Acto seguido me sirvo un vaso de cerveza y me lo tomo de porrazo porque según yo tengo mucha sed. Pero con eso también estoy mintiendo. La verdad es que no quiero comer delante de él porque en situaciones como esta me pongo muy torpe y me da miedo que se me caiga la comida de la boca o se me manche el polo. Y estoy bebiendo desenfrenadamente porque necesito que el alcohol haga efecto en mí de una vez y se me pase el pánico.
Él está relajado, pide algo de comer, se sirve lentamente un poco de cerveza. Me mira a veces y sonríe, responde con monosílabos. Está concentrado en su comida, los hombres siempre son así cuando tienen hambre. 
Cuando termina de comer yo ya he bebido cuatro vasos llenos y las manos han dejado de sudarme. ¿Se habrá dado cuenta de que estoy nerviosa? Creo que voy bien. Siento que esta noche tendré buena suerte.
Ahora empezamos a conversar. Ya estoy más suelta, mas relajada. Hago chistes estúpidos sobre mí misma y las cosas que me pasaban de chibola cuando salía a beber con mis amigos de la academia. Él se ríe y también me cuenta anécdotas parecidas. Luego nos vamos dando cuenta de que frecuentábamos los mismos bares, que la hemos cagado de formas idénticas y que pensamos igual sobre los conflictos amorosos y amicales. 
Hay química. Si esta noche no terminamos tirando es porque algún cometa se desvió de su ruta y cagó mi destino, pienso. 
Han pasado un par de horas. Brindamos por no sé qué y respiramos un poco porque recién hemos dejado de reírnos de una anécdota graciosa sobre uno de sus amigos del trabajo. El viejo ritual de recordar las humillaciones de otros para llenar los vacíos de sobremesa se acaba. Nos quedamos en silencio y él se amarra el pelo. Le digo que cuando lo deja suelto me gusta más, entonces él sonríe y lo vuelve a soltar.
Sí. Hoy tiro, pienso nuevamente.