Nota aclaratoria: Todos los textos y dibujos publicados en este espacio son creados por la imaginación aturdida de la autora. Todo es ficción. Cualquier parecido con la realidad...


viernes, 6 de diciembre de 2013

Verano otra vez



Ese verano fuiste a buscarme y me hablaste de secuestros, soldados y dibujos.

Ese verano habían puesto renos luminosos en el parque de tu casa y la hija de tu casera me enseñaba sus muñecas mientras terminabas de arreglarte, porque por esos días tenías el pelo muy largo y lo recogías en una cola perfectamente ordenada y es que, aunque lo sigas negando, la vida no es más que vanidad de vanidades.

Los dibujos que te hice no he llegado a encontrarlos, y creo que al final tú te los quedaste, sólo que no recuerdas eso, como tantos otros momentos en los que me desviví queriendo y soñando no sé qué tantas cosas pero, felizmente, de eso ya no se habla.

Ese verano aprendí a hacer mojitos y tú descubriste que tenías facultades de mago. Nos entusiasmamos con las canciones de no recuerdo qué banda nueva y también aprendimos a bailar boleros, en mi cuarto, con nuestra soledad abrazada y la aún viva mirada de mi perro valiente.

De ese verano ya no se habla, pero los días de estas fechas son exactamente iguales a los de los años anteriores. El mismo olor, la misma brisa, las mismas personas haciendo las mismas cosas y esperando las mismas fiestas.

También nosotros estamos caminando por las mismas avenidas, pero ya sin acordarnos de los secuestros al paso, sin pensar en las crayolas ni los discos prestados, hablando con gente que ya no pregunta por lo nuestro, pasando por algún bar en el que ya borraron nuestro nombre.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Manías

Tengo la mala costumbre de imaginarme el cuerpo de las personas descomponiéndose dentro de la madera avejentada y tétrica de un ataúd. 
Tengo el hábito, desde niña, de imaginar el rostro de la gente desencajado, alterado por el terror.
Dibujo lágrimas imaginarias en sus ojos, escucho sus gritos, puedo ver más allá. Atravieso sus pieles y siento el palpitar acelerado de miles de corazones que se rehúsan a dejarse vencer por la fiebre.
Los imagino sangrando, vencidos por el dolor y la miseria.

Hoy ha venido un muchacho nuevo a traer el delivery a la oficina.
Abro la puerta y lo observo. E
ntonces, sin poder evitarlo, lentamente voy deformando sus facciones, arrancando su piel, despedazando su interior hasta dejar en el suelo una masa granate brillante que se confunde con la alfombra y avanza lentamente invadiendo superficies.

Sonrío.


Recibo las diez cajas de Tallarines a la Bolognesa y le doy las gracias. Él también sonríe y me agradece antes de perderse en el infierno repulsivo de esta ciudad macabra que, felizmente, aún no me quita el hambre.

Magia

Se llamaba Magia y tenía ojos de fotorecepción variable, a veces amarillo cadmio, otras verde limón o verde menta, creo que por ahí también unas gotas de cian y un 6% de magenta.

Venía en las noches y decía cosas que yo no entendía. La gente decía que hablaba un extraño dialecto indostaní, otros que era una lengua nativa de las costas de Sumatra.
Se decía que traía consigo una maldición legendaria, ¿cuál? nadie lo sabía, las personas siempre le atribuyen extraños defectos a las cosas que no pueden entender para sentirse más tranquilas.

Y Magia era incierta y lejana, un terreno inexplorado divisable solo en el horizonte.
¿Habrá sabido alguien en el mundo que pensaba o decía? Seguramente su madre o sus hermanos.

Yo la escuchaba porque me gustaba el sonido de su voz áspera y la rapidez con que soltaba todas esas inexplicables palabras, a veces sonreía y yo sonreía también, aunque no entendía nada y me parecía más bien que ese no era un idioma sino palabras sueltas cuyas letras ella desordenaba y pronunciaba sin nexos coherentes.

Un día no apareció más por el barrio. Las vecinas confirmaron la teoría de que Magia llevaba una maldición que hacía que las personas fueran cambiando lentamente hasta convertirse en animales y luego emigraban a las selvas de algún país de esos que están muy lejos, cruzando los mares.
 

A veces sueño con ella; la veo sentada en mi ventana, se transforma en un gato negro, salta y corre hasta desaparecer por la última avenida.
En esos momentos sí estoy segura de que su voz ya no es voz y que sus ojos son naturalmente sustractivos. Amarillo espectral, uniforme y básica coloración de la belleza, del diente de león, de la heráldica y el oro. 


lunes, 24 de septiembre de 2012

Rayitas




Estoy sufriendo de menopausia precoz.                                                   
He concluido que todo obedece a esa única y repentina razón y le he dado fin a mis dudas, atribuyéndole a mis vejestorias hormonas mi cansancio constante, dolores, aumento de peso y fin del periodo menstrual.
Me he forzado a negar todo tipo de posibilidad ajena a mis deseos porque haciendo esto se vive más feliz.
Recuerdo que me hice el test de embarazo que venden en las farmacias una sola vez en la vida, hace varios años ya, y esos 3 minutos, esos interminables y casi estáticos 3 minutos en los que esperaba que esa segunda rayita roja fuera esquiva a mi destino, fueron los minutos más espantosos de (por no exagerar) esa semana.
Ahí estaba el cosito ese y la primera rayita que había salido inmediatamente, pero aún faltaba saber si la segunda estaba ahí, palpitando, dándose forma, absorbiendo parte de mí para darse vida a través de las toxinas de mi urea.  
Ahí estaba ese monstruo esperando, luchando para mostrarme que ya existía, aun en su forma más básica, una maldita raya roja.
Yo había dejado de salir con G. hacía 3 semanas. Ya estábamos hartos de nosotros y nos habíamos dejado con poca pena. Recordé la noche en que en esas conversaciones interminables y a veces sin sentido, salió el tema de los hijos y las parejas que no son felices y él me ofreció (en el supuesto de que nos pasara) quedarse con el nuestro si yo no lo quería.
“Me lo das, yo lo cuido” me había dicho mientras se servía un vaso de ron y empezaba a tocar una de esas canciones tontas. Yo acepté. La canción tonta ayudó. Hablamos de nuestro hijo como si nos refiriéramos a una mascota, nuestra mascota freak, nuestro murciélago.
Pensaba que tal vez seguía en pie esa oferta y que Murciélago a su cuidado tendría una jaula bonita, música y sangre suficiente. No le iría tan mal. Otros no tienen nada.
Cuando dejé de pensar, ya habían pasado más de 5 minutos. Miré el resultado entrecerrando los ojos, como cuando ves el sol de a poquitos, despacio para no recibir directamente toda esa energía enceguecedora.
Ahí seguía la rayita roja, solitaria, muy recta y sólida. Negativo, me dijo.
Tiré el test de embarazo y no recuerdo que hice momentos después o los días que siguieron a ese, solo sé que me vino la regla y que nada de esto significo mucho en mi vida.
Ahora lo he recordado porque en estos días he estado bastante sensible. Tal vez el recuerdo de futurible Murciélago regresó son su cuota de nostalgia, como pasa con esas cosas que uno cree que ha olvidado pero un día te das cuenta de que siguen ahí, escondidas entre las viscosidades cerebrales.
Es el clima que está loco y favorece mi bipolaridad, o el aburrimiento primaveral.
Es esta estúpida menopausia precoz. 





lunes, 10 de septiembre de 2012

No.




Estoy enferma.
Enferma desde el jueves y hoy ya estamos lunes. Lunes otra vez, Charly.

Enfermarse puede ser positivo siempre y cuando vivas con tu madre, que es preciosa y pura bondad y con tu padre, que es inteligente y trabajador. Entonces tienes: un papá que paga las medicinas, alimentos y demás caprichos de una hija parásito nihilista con voz de silbato policial, y una madre que cocina lo que esa misma hija, que en ese momento se ha convertido en un engendro perturbador parecido al bebé de Henry Spencer en Eraserhead, pide a gritos desde su cama mientras ve la tele.
Pero cuando no es así, la situación es una mierda.

Te levantas porque no tienes más remedio, caminas arrastrando los pies y gimiendo despacio, te haces un té y te metes a la cama con 6 frazadas hasta que llega el momento de ir a la farmacia, entonces deseas, por el amor de todos los dioses, que llegue ese amigo que siempre llega a joder cuando no quieres ver a nadie, que llame tu abuelita, que venga a cobrar el señor que trae el gas, que aparezca alguien, quien sea, para que lo puedas mandar a traer todas las pastillas que encuentre a su paso, a ver si te sanas o en su defecto te mueres esa misma noche. Las dos cosas sirven para aliviar el dolor en esta vida cof cof cof miserable cof cof por la puta madre cof.
Y sales con tu chompa, tu gorro, tus pantuflas de perro, tus ojeras y todos esos mocos; compras lo que te receta la farmacéutica y regresas rápido para taparte nuevamente luego de haberte metido esas cincuenta pepas juntas y empezar a ver Yo soy. Sí pues, ahora yo también veo Yo soy porque salen Robert Plant y el zambo Cavero.

Estoy enferma.
Era todo lo que venía decir. Quería desfogar. No tiene moraleja mi cuento ni termina con una máxima profunda o alguna otra figura retórica.

O bueno sí: Los que no se enferman, o sí se enferman pero viven con sus padres, son unos infelices y los odio profundamente.

Fin

domingo, 9 de septiembre de 2012

Milena Román


Mi nombre es Milena.
Soy un desastre, he gastado hasta el último centavo en cosas que ya ni recuerdo y mi estómago y mi refrigerador son dos máquinas vacías haciendo sonidos intermitentes.
Trabajo de Lunes a Viernes y leo un poco en el microbús.  Por estos días Bukowski, para alegrar mi alma hambrienta y quejumbrosa.

Almuerzo mal pero, como hubiera dicho mi papá, algunos ni almuerzan.

Por ahora salgo con un chico. Es buena onda y me cae bien. El sexo es genial.

Fuera de eso, sin novedades.

lunes, 16 de julio de 2012

Carta al infinito




Estoy evitando pensar en ti para seguir caminando.
Cuando algo sucede  y los sentimientos de tristeza y angustia aparecen, se sabe que en algún momento desaparecerán,  existe el alivio y la esperanza de lo venidero. Se piensa, para sentirse mejor, que todo se supera, que lo amado a veces vuelve, que lo perdido se olvida, que los tiempos malos siempre dan paso a otros mejores.
Pero contigo papá, no hay consuelo, ni futuro, ni retorno.

miércoles, 11 de julio de 2012

"En el universo no queda una deuda pendiente"



Si me diera la gana ahora, podría ir a tu casa y secuestrarte.
Ir a buscarte y exigirte que nuevamente me quieras, que dejes un ratito de pensar en tu nueva novia, en tu ex novia que no te deja en paz, en tu prima que me detesta, en tu nueva camada de perros, en tu papá. Que se vayan a la mierda, por favor.
Hoy he planeado meterme en tu cuarto, reírme una vez más de tus mismos chistes idiotas y quedarme callada escuchándote hablar de todo eso que yo no sé, admirarte como nunca antes y sentir que a tu lado soy una niña, una aprendiz sin talento.
Hoy, pisando el cadáver de todos, voy a ser tu novia de nuevo.
Luego saldré de tu casa feliz, pero en el camino tropezaré y con la caída me romperé la muñeca y la mitad de un diente. Me quedaré en la vereda sangrando mientras te veo salir apurado para encontrarte con tu chica, sin verme.
Qué triste.
En el futuro, me gustaría evitar la sangre en mi destino.
Siempre serás el peor de los karmas.

domingo, 8 de julio de 2012

Ellos



Existen tantos animales nocturnos. Veloces y sigilosos.
Generan rechazo y miedo a pesar de ser excesivamente bellos.
Yo he aprendindo a admirarlos desde lejos, estirando el cuello en silencio.
Desaparecen con el día porque las voces humanas son como detonadores.
Fragmentan sus cuerpos.
Despedazan su luz.

lunes, 30 de abril de 2012

T.




La oficina es como un cajón cerrado, sellado, con un cadáver descompuesto dentro. Yo.

El aire acondicionado no sirve de nada porque todo acá hierve. Afuera las mismas peleas entre empleados, los chismes en el baño sobre la amante de algún jefe, las faltas de la asistenta de ventas y las especulaciones sobre su tormentosa vida, los ojos celestes y congelados de la gerente que se pierden en el rojo intenso de sus venas oculares cuando algo sale mal, y yo, encerrada en mi oficina, alargando el trabajo lo más posible para no tener que exponer mi insignificante ser a la muerte segura en esos pasillos en llamas.

Me gustaría salir de aquí, caminar despacito por las calles de Miraflores, entrar a librerías, sentarme en el parque Kennedy y acariciar a un gato, prender un cigarro, comer una butifarra, caminar más hasta aburrirme de mí y sacar mi celular para encontrar a alguien igual de vago que yo que quiera acompañarme a tomar una chela por ahí. Necesito sentir mi libertad de nuevo, necesito una película, una botella de vino y un amigo, para que una vez borrachos me pueda dar besos y me lleve a su departamento a seguirla hasta mañana.

Extraño tanto despertar a mediodía con una resaca suave, con el pelo enredado, salir en silencio dejando dormido a mi chico de esa noche, caminar por una calle llena de sol tomando un energizante, sonriendo, escuchando música en el carro que me lleva de regreso a mi casa, a mi cama, a mi comida calentada, al cuerpo calientito de mis gatos echados al lado mío, a la voz de mis papás en el teléfono, al olor de los guisos de mi abuela que se filtran por mi ventana desde el primer piso. Y dormir esta y todas las monas para salir en la noche a comer un sanguche con mi amiga Angie y luego volver a mi cama para ver mis series favoritas mientras dibujo sonseras, tomo café, mensajeo por guasap chistes monses con mis amigos.

Son las siete en punto, una mosca se para en mi mano y me doy cuenta de que definitivamente ya fallecí en este lugar y nadie se ha dado cuenta, ni siquiera yo.

El reloj marca las siete con cuatro. Por fin es de noche y en una repetición eterna las almas atormentadas sienten la brisa de la libertad y salen de sus fosas a vagar sin rumbo.

No sé los demás. Yo me voy.

lunes, 2 de abril de 2012

El escondite


Cuando me decías que me vaya de tu vida y empezabas a devolverme mis cosas, me ponía a llorar alegando que eras muy malo.
Cuando te insultaba y te decía que no quería verte más, te hacías la víctima diciendo que siempre te traté indignamente.
Cuando nos conocimos juramos que siempre estaríamos juntos y que, si alguna vez teníamos que estar lejos o con otras personas, siempre habría una noche en la que seríamos uno nuevamente.
Pero eso ya no pasará. Yo nunca volveré a buscarte porque nuestro escondite ahora está ocupado por un ser tenebroso engendrado por nosotros mismos y que hace tiempo nos espera.
Es una trampa. Si algún día volvemos, seremos devorados por nuestro monstruo.