Nota aclaratoria: Todos los textos y dibujos publicados en este espacio son creados por la imaginación aturdida de la autora. Todo es ficción. Cualquier parecido con la realidad...


domingo, 17 de mayo de 2015

La que te quiere.

Siempre he sido yo la única que te quiere.

viernes, 24 de abril de 2015

Silencio.

Es la primera vez que me pasa.
Mis relaciones siempre han terminado con un “vete a la mierda, no quiero saber de ti nunca más”.
Y fin, todos lejos y felices.
Pero contigo no pude liberar al demonio en mí y me quedé callada. Ese fue mi jodido error.
Basándote en esa reacción has decidido creer que soy uno de los mejores humanos del mundo y te has quedado. ¡Qué bien! ahora somos amigos, y el hecho de haber pasado dos meses juntos, durmiendo calatos, hace que me tengas toda la confianza del universo.
Y ahí estás, contándome los nuevos problemas amorosos que aquejan tu vida y nublan tu tranquilidad. Es que tu nueva chica es, según tú, una inmadura egocéntrica, pero la quieres y ¿qué puedes hacer?. Me pides consejos y yo, estoicamente, he optado por seguirte la corriente y ser lo que quieres que sea. Entonces te respondo, te ayudo con la crisis, te suelto palabras alentadoras haciendo gala de mis genes de psicóloga en una madrugada cualquiera, y me admiras porque: cuánta madurez hay en mí.
Quiero gritar. Quiero (como toda chibola) eliminarte del feisbuk, borrar tu número de mi agenda, quiero chaparme al vecino en tu cara y preguntarte cómo te atreves siquiera a creer que tú y yo podemos seguir siendo amigos después de que preferiste estar con otra a estar conmigo. ¡¿Qué eres?! ¡¿un demente?!

Pero ya no puedo retroceder. Me doy cuenta de que, sin querer, me has convencido de algunas cosas. Así que inhalo, exhalo y respondo con un efervescente “holaaaa” tu último saludo en el whatsapp.
Sí, carajo, soy especial. Soy el mejor ser humano del mundo.


sábado, 17 de enero de 2015

Dos

De noche, saliendo del trabajo, he pasado a recoger un encargo en casa de él.
Nosotros cuando nos juntamos entramos en una especie de trance. Dentro de este trance nos olvidamos un poco, o casi completamente, de que existimos en un mundo lleno de otras miles de cosas, cosas reales, serias, que hay sociedad, colectividad, gente que nos quiere y espera mucho de nosotros. Ese es el antipoder de nuestro encuentro.

Pienso en Hancock. Así me siento. En esa película Will Smith y CharlizeTheron son una especie de dioses que pierden la invulnerabilidad y los poderes cuando están cerca el uno del otro, volviendo a ser mortales.

Llego a su casa para pasar el rato. Fumamos weed en su cuarto y tomamos varias chelas, nos reímos alucinando canciones y videos ochenteros que ahora son pura nostalgia.
Nos besamos hasta absorbernos media alma, nos quitamos la ropa rápido y tiramos hasta sentir que estamos violando a la vida, sacándole la mierda en el piso, haciéndole pagar toda la mala leche de varios años que no se nos olvidan.
Cuando el trance ha terminado ya todo es nuevamente colectividad y gente que nos quiere y respeta. No hay que fallarle a nadie y el amor no sirve para eso. Complica, entorpece.

Me voy de su casa rápido porque al día siguiente se trabaja temprano y necesito dormir. Voy camino a mi cuarto soñando con mi cama, mi limonada frozen y por ahí alguna buena película sangrienta que me arrulle. Se me acaba de ocurrir un cuento y tengo además una idea genial para la gráfica de mañana. Mi mente está nuevamente apta.
Lejos de él otra vez estoy bien. Soy supersónica, inmortal.

jueves, 9 de enero de 2014

?

2014.

Estamos en tu casa. En el piso 18 de un edificio que está estratégicamente ubicado frente al mar de Lima. Estamos en el aire.

Tu planta de cannabis, que es como tu hija-mujer-amante, está enorme y los nuevos cuadros de tu sala con motivos circenses son tan geniales que se me olvida que no me gusta nada relacionado con ese tema.

Se está bien en este lugar. Es ese olor a comida de mamá, es esta falta de gente y bullicio, es esta cantidad innumerable de libros de historia y ciencias sociales, es el psicoanálisis, es Kant, son las piedras de colores en el centro de la mesa.

Yo sé que me tengo que ir. Yo sé que esto es sociología, estadística descriptiva, y que aquí se proyecta la gráfica de mi ascenso y decadencia en la casa que he adoptado como enfáticamente mía. No encajo en tu mundo porque los dibujos que pegué en tu refrigerador son sólo forma, sin mero contenido.

-¿Hasta qué punto puede alguien saber lo que es conveniente o no?- pregunto.

-Somos seres humanos, somos mejores que los simios. Todo es calculable - respondes.

Yo sonrío y me sirvo un poco más de vino. Sé que muy pronto me tengo que ir.


jueves, 19 de diciembre de 2013

Milena 2

Milena está enamorada. Está enamorada de una mujer.
Milena también es mujer, es femenina y ha tenido novios, como todas las mujeres.
Pero ahora está enamorada de una mujer y eso le gusta.
No digo que esté mal pero...  ¿Qué irá a decir su madre?

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Instrucciones para ser feliz 10 minutos.

Primero hay que aburrirse. 
Luego buscar por toda la casa hasta hallar ese círculo escurridizo, esa mansión de ácaros domésticos.

Acto seguido se desentraña la madeja con precisión casi quirúrgica y se retuerce cada uno de sus filamentos con máxima entrega, como si de ello dependiera la continuidad de las estaciones o la sucesión de los períodos orbitales.

Una vez logrado esto, se contempla el cadáver destazado e inservible de la materia que desde este momento deja de ser el objeto de nuestro deseo y se retira uno a otra habitación a lamerse la carita.

Esto y sólo esto hay que hacer para no aburrirse una tarde de invierno, para alejar de nuestras almas la inutilidad y la desidia, y alcanzar cierto grado de satisfacción en la vida.

Pero para esto hace falta ser gatito. Y uno no es gatito, lamentablemente.


viernes, 6 de diciembre de 2013

Nadie me quiere

Con motivo de fiestas navideñas, en el trabajo estamos jugando al amigo secreto.
Todos los días alguien es sorprendido con un chocolate en su escritorio, un colorido post it con un mensaje positivo en la pantalla de su PC o algún otro gracioso detallito. Ahí se ve el cariño de este ser anónimo para con su agasajado. Cariño que por lo visto yo no me he ganado.
Dos semanas han pasado desde que se inicio este estúpido juego y mi amigo secreto no ha dado señales de vida. Bueno, el lunes encontré un caramelo de limón (de esos que le compras en el micro a los creyentes renacidos del Centro Victoria) en el piso, muy cerca a mi escritorio. Y yo he querido creer, suponer, asumir, que este ha sido un detalle dirigido a mí y no un accidente cualquiera, porque no he visto a nadie buscando un caramelo de limón en la oficina.
Desde ese día, cuando alguien me pregunta si mi amigo secreto ya me sorprendió con algo yo digo que sí. Y es que de verdad estoy sorprendida. Yo me llevo muy bien con todos, jamás he tenido discusión alguna con mis compañeros de trabajo, soy tímida, no molesto, no soy impertinente, mis chistes son tontos y la mayoría de veces almuerzo sola hablando por teléfono con mi mamá. No entiendo el motivo de tanto desamor.
Ayer bajé a sacar unas copias y dos compañeros nuevos me miraban y cuchicheaban sin mucha discreción, ¿Disculpa, cuál es tu nombre?, me preguntó uno, Melissa, dije, segurísima de que por fin mi amigo secreto había descubierto que yo era yo, - Melissa, tienes el polo levantado por atrás, dijo uno de ellos, sonriendo nervioso. Ni siquiera me interesó la verguenza de tener el sostén al aire, lo que más me ofuscó fue que nuevamente mis sospechas estaban en el nivel cero. Me fui molesta y en silencio.
Yo, en venganza, tampoco le he regalado nada a Naty y ella pasa todos los días por cada sitio gritando a viva voz que desea que su amigo secreto se haga presente con una Coca Cola heladita o un chocolate Vicio. "Esto vas a tener" pienso y levanto el dedo medio mentalmente.
No me va bien con este juego desde el colegio, cuando mi amigo secreto fue Jean Paul, el niño más hiperactivo y distraído del salón, que obviamente nunca recordó que debía dejarme alguna notita o regalo en el transcurso del mes y terminó regalándome, el día del intercambio, una pulsera de oro sacada a escondidas del joyero de su mamá, que luego tuve que devolver.
Por lo pronto pienso darle una última oportunidad a mi suerte y relajarme con este tema. O ponerme a llorar en gerencia porque, una vez más, nadie me quiere.



Verano otra vez



Ese verano fuiste a buscarme y me hablaste de secuestros, soldados y dibujos.

Ese verano habían puesto renos luminosos en el parque de tu casa y la hija de tu casera me enseñaba sus muñecas mientras terminabas de arreglarte, porque por esos días tenías el pelo muy largo y lo recogías en una cola perfectamente ordenada y es que, aunque lo sigas negando, la vida no es más que vanidad de vanidades.

Los dibujos que te hice no he llegado a encontrarlos, y creo que al final tú te los quedaste, sólo que no recuerdas eso, como tantos otros momentos en los que me desviví queriendo y soñando no sé qué tantas cosas pero, felizmente, de eso ya no se habla.

Ese verano aprendí a hacer mojitos y tú descubriste que tenías facultades de mago. Nos entusiasmamos con las canciones de no recuerdo qué banda nueva y también aprendimos a bailar boleros, en mi cuarto, con nuestra soledad abrazada y la aún viva mirada de mi perro valiente.

De ese verano ya no se habla, pero los días de estas fechas son exactamente iguales a los de los años anteriores. El mismo olor, la misma brisa, las mismas personas haciendo las mismas cosas y esperando las mismas fiestas.

También nosotros estamos caminando por las mismas avenidas, pero ya sin acordarnos de los secuestros al paso, sin pensar en las crayolas ni los discos prestados, hablando con gente que ya no pregunta por lo nuestro, pasando por algún bar en el que ya borraron nuestro nombre.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Manías

Tengo la mala costumbre de imaginarme el cuerpo de las personas descomponiéndose dentro de la madera avejentada y tétrica de un ataúd. 
Tengo el hábito, desde niña, de imaginar el rostro de la gente desencajado, alterado por el terror.
Dibujo lágrimas imaginarias en sus ojos, escucho sus gritos, puedo ver más allá. Atravieso sus pieles y siento el palpitar acelerado de miles de corazones que se rehúsan a dejarse vencer por la fiebre.
Los imagino sangrando, vencidos por el dolor y la miseria.

Hoy ha venido un muchacho nuevo a traer el delivery a la oficina.
Abro la puerta y lo observo. E
ntonces, sin poder evitarlo, lentamente voy deformando sus facciones, arrancando su piel, despedazando su interior hasta dejar en el suelo una masa granate brillante que se confunde con la alfombra y avanza lentamente invadiendo superficies.

Sonrío.


Recibo las diez cajas de Tallarines a la Bolognesa y le doy las gracias. Él también sonríe y me agradece antes de perderse en el infierno repulsivo de esta ciudad macabra que, felizmente, aún no me quita el hambre.

Magia

Se llamaba Magia y tenía ojos de fotorecepción variable, a veces amarillo cadmio, otras verde limón o verde menta, creo que por ahí también unas gotas de cian y un 6% de magenta.

Venía en las noches y decía cosas que yo no entendía. La gente decía que hablaba un extraño dialecto indostaní, otros que era una lengua nativa de las costas de Sumatra.
Se decía que traía consigo una maldición legendaria, ¿cuál? nadie lo sabía, las personas siempre le atribuyen extraños defectos a las cosas que no pueden entender para sentirse más tranquilas.

Y Magia era incierta y lejana, un terreno inexplorado divisable solo en el horizonte.
¿Habrá sabido alguien en el mundo que pensaba o decía? Seguramente su madre o sus hermanos.

Yo la escuchaba porque me gustaba el sonido de su voz áspera y la rapidez con que soltaba todas esas inexplicables palabras, a veces sonreía y yo sonreía también, aunque no entendía nada y me parecía más bien que ese no era un idioma sino palabras sueltas cuyas letras ella desordenaba y pronunciaba sin nexos coherentes.

Un día no apareció más por el barrio. Las vecinas confirmaron la teoría de que Magia llevaba una maldición que hacía que las personas fueran cambiando lentamente hasta convertirse en animales y luego emigraban a las selvas de algún país de esos que están muy lejos, cruzando los mares.
 

A veces sueño con ella; la veo sentada en mi ventana, se transforma en un gato negro, salta y corre hasta desaparecer por la última avenida.
En esos momentos sí estoy segura de que su voz ya no es voz y que sus ojos son naturalmente sustractivos. Amarillo espectral, uniforme y básica coloración de la belleza, del diente de león, de la heráldica y el oro. 


lunes, 24 de septiembre de 2012

Rayitas




Estoy sufriendo de menopausia precoz.                                                   
He concluido que todo obedece a esa única y repentina razón y le he dado fin a mis dudas, atribuyéndole a mis vejestorias hormonas mi cansancio constante, dolores, aumento de peso y fin del periodo menstrual.
Me he forzado a negar todo tipo de posibilidad ajena a mis deseos porque haciendo esto se vive más feliz.
Recuerdo que me hice el test de embarazo que venden en las farmacias una sola vez en la vida, hace varios años ya, y esos 3 minutos, esos interminables y casi estáticos 3 minutos en los que esperaba que esa segunda rayita roja fuera esquiva a mi destino, fueron los minutos más espantosos de (por no exagerar) esa semana.
Ahí estaba el cosito ese y la primera rayita que había salido inmediatamente, pero aún faltaba saber si la segunda estaba ahí, palpitando, dándose forma, absorbiendo parte de mí para darse vida a través de las toxinas de mi urea.  
Ahí estaba ese monstruo esperando, luchando para mostrarme que ya existía, aun en su forma más básica, una maldita raya roja.
Yo había dejado de salir con G. hacía 3 semanas. Ya estábamos hartos de nosotros y nos habíamos dejado con poca pena. Recordé la noche en que en esas conversaciones interminables y a veces sin sentido, salió el tema de los hijos y las parejas que no son felices y él me ofreció (en el supuesto de que nos pasara) quedarse con el nuestro si yo no lo quería.
“Me lo das, yo lo cuido” me había dicho mientras se servía un vaso de ron y empezaba a tocar una de esas canciones tontas. Yo acepté. La canción tonta ayudó. Hablamos de nuestro hijo como si nos refiriéramos a una mascota, nuestra mascota freak, nuestro murciélago.
Pensaba que tal vez seguía en pie esa oferta y que Murciélago a su cuidado tendría una jaula bonita, música y sangre suficiente. No le iría tan mal. Otros no tienen nada.
Cuando dejé de pensar, ya habían pasado más de 5 minutos. Miré el resultado entrecerrando los ojos, como cuando ves el sol de a poquitos, despacio para no recibir directamente toda esa energía enceguecedora.
Ahí seguía la rayita roja, solitaria, muy recta y sólida. Negativo, me dijo.
Tiré el test de embarazo y no recuerdo que hice momentos después o los días que siguieron a ese, solo sé que me vino la regla y que nada de esto significo mucho en mi vida.
Ahora lo he recordado porque en estos días he estado bastante sensible. Tal vez el recuerdo de futurible Murciélago regresó son su cuota de nostalgia, como pasa con esas cosas que uno cree que ha olvidado pero un día te das cuenta de que siguen ahí, escondidas entre las viscosidades cerebrales.
Es el clima que está loco y favorece mi bipolaridad, o el aburrimiento primaveral.
Es esta estúpida menopausia precoz. 





lunes, 10 de septiembre de 2012

No.




Estoy enferma.
Enferma desde el jueves y hoy ya estamos lunes. Lunes otra vez, Charly.

Enfermarse puede ser positivo siempre y cuando vivas con tu madre, que es preciosa y pura bondad y con tu padre, que es inteligente y trabajador. Entonces tienes: un papá que paga las medicinas, alimentos y demás caprichos de una hija parásito nihilista con voz de silbato policial, y una madre que cocina lo que esa misma hija, que en ese momento se ha convertido en un engendro perturbador parecido al bebé de Henry Spencer en Eraserhead, pide a gritos desde su cama mientras ve la tele.
Pero cuando no es así, la situación es una mierda.

Te levantas porque no tienes más remedio, caminas arrastrando los pies y gimiendo despacio, te haces un té y te metes a la cama con 6 frazadas hasta que llega el momento de ir a la farmacia, entonces deseas, por el amor de todos los dioses, que llegue ese amigo que siempre llega a joder cuando no quieres ver a nadie, que llame tu abuelita, que venga a cobrar el señor que trae el gas, que aparezca alguien, quien sea, para que lo puedas mandar a traer todas las pastillas que encuentre a su paso, a ver si te sanas o en su defecto te mueres esa misma noche. Las dos cosas sirven para aliviar el dolor en esta vida cof cof cof miserable cof cof por la puta madre cof.
Y sales con tu chompa, tu gorro, tus pantuflas de perro, tus ojeras y todos esos mocos; compras lo que te receta la farmacéutica y regresas rápido para taparte nuevamente luego de haberte metido esas cincuenta pepas juntas y empezar a ver Yo soy. Sí pues, ahora yo también veo Yo soy porque salen Robert Plant y el zambo Cavero.

Estoy enferma.
Era todo lo que venía decir. Quería desfogar. No tiene moraleja mi cuento ni termina con una máxima profunda o alguna otra figura retórica.

O bueno sí: Los que no se enferman, o sí se enferman pero viven con sus padres, son unos infelices y los odio profundamente.

Fin

domingo, 9 de septiembre de 2012

Milena Román


Mi nombre es Milena.
Soy un desastre, he gastado hasta el último centavo en cosas que ya ni recuerdo y mi estómago y mi refrigerador son dos máquinas vacías haciendo sonidos intermitentes.
Trabajo de Lunes a Viernes y leo un poco en el microbús.  Por estos días Bukowski, para alegrar mi alma hambrienta y quejumbrosa.

Almuerzo mal pero, como hubiera dicho mi papá, algunos ni almuerzan.

Por ahora salgo con un chico. Es buena onda y me cae bien. El sexo es genial.

Fuera de eso, sin novedades.

lunes, 16 de julio de 2012

Carta al infinito




Estoy evitando pensar en ti para seguir caminando.
Cuando algo sucede  y los sentimientos de tristeza y angustia aparecen, se sabe que en algún momento desaparecerán,  existe el alivio y la esperanza de lo venidero. Se piensa, para sentirse mejor, que todo se supera, que lo amado a veces vuelve, que lo perdido se olvida, que los tiempos malos siempre dan paso a otros mejores.
Pero contigo papá, no hay consuelo, ni futuro, ni retorno.

miércoles, 11 de julio de 2012

"En el universo no queda una deuda pendiente"



Si me diera la gana ahora, podría ir a tu casa y secuestrarte.
Ir a buscarte y exigirte que nuevamente me quieras, que dejes un ratito de pensar en tu nueva novia, en tu ex novia que no te deja en paz, en tu prima que me detesta, en tu nueva camada de perros, en tu papá. Que se vayan a la mierda, por favor.
Hoy he planeado meterme en tu cuarto, reírme una vez más de tus mismos chistes idiotas y quedarme callada escuchándote hablar de todo eso que yo no sé, admirarte como nunca antes y sentir que a tu lado soy una niña, una aprendiz sin talento.
Hoy, pisando el cadáver de todos, voy a ser tu novia de nuevo.
Luego saldré de tu casa feliz, pero en el camino tropezaré y con la caída me romperé la muñeca y la mitad de un diente. Me quedaré en la vereda sangrando mientras te veo salir apurado para encontrarte con tu chica, sin verme.
Qué triste.
En el futuro, me gustaría evitar la sangre en mi destino.
Siempre serás el peor de los karmas.