Nota aclaratoria: Todos los textos y dibujos publicados en este espacio son creados por la imaginación aturdida de la autora. Todo es ficción. Cualquier parecido con la realidad...


jueves, 20 de abril de 2017

Prípiat

En este segundo alguien se enfurece.

En algún lugar del mundo hay una ciudad con una casa que tiene dentro una mujer que blasfema. En el interior de su cuerpo se acaba de producir un aumento súbito de flujo biliar. Camina de un lado a otro escuchando una canción que le molesta. Esa canción ha sido el material reactivo del final de todo un proceso.

Esa misma mujer pide delivery de comida rápida y se sienta en la cocina a devorar su ansiedad, que por ese mismo acto, se hace más profunda, más visceral.

El teléfono suena pero ella no lo escucha, sigue devorando ese batido verde y homogéneo que es la rabia que todos sentimos cuando alguien que hemos amado ya está amando a alguien más.

Tú no estás amando a alguien más. Y, a menos que sea un secreto, a ti nadie te ama.

A ti todavía no te toman de la mano nuevamente y te preguntan qué quieres hacer por la noche. Tú no has reiniciado tu vida en las praderas del amor; tú sigues igual, trabajando, pagando tarjetas de crédito, haciendo planes a largo plazo y sobretodo acumulando  una cantidad de estrés que podría igualarse a la energía contenida antes de la explosión de la planta nuclear de Chernobyl.
Tú eres, justo al lado de tu comida chatarra, un desastre medioambiental.

En este segundo, una persona que amaste está floreciendo en sana libertad muy lejos de tu casa y sabes que durante muchos años no podrá ni querrá volver. Porque tú, ya en el tranquilo silencio que conlleva el proceso de descontaminación, eres Prípiat, la hermosa y desolada ciudad de los mutantes.



domingo, 2 de abril de 2017

Filadelfia

Estoy siguiendo una dieta saludable y me han dicho que no debo comer queso crema. El problema es que ahora mismo tengo uno de esos quesos en la refri. Lo compré un poco antes de cambiar mis hábitos alimentarios y me dio una pena terrible botarlo porque eso equivaldría a echar a la basura mi dinero y el tiempo que invertí en ir al supermercado. Así que decidí que de todas formas me lo iba a comer y que cuando se hubiera terminado podría llevar mi dieta saludable con un 100% de honestidad.

El asunto acá, el traspié de la vida en esta ocasión, es que mi queso crema no se acaba nunca.
Cada día le unto una cucharada grande a mis tortillas de maíz libre de gluten pero no obtengo resultados. Me da la impresión de que en las noches, dentro de la refri, se regenera.

Hoy nuevamente he tratado de acabar con él en una lucha infatigable en la que, como siempre, ninguno de los dos a logrado reducirse.
Llegará el día apocalíptico, la rebelión de las máquinas, los humanos desapareceremos de la tierra, el mundo será un lugar inhóspito para cualquier tipo de organismo pluricelular, las ciudades del mundo serán tumbas de fósiles sumergidas en el reino del deterioro y la corrosión, cambiaran las leyes del tiempo y el espacio, y juro que ese queso seguirá estando ahí.

De estas reflexiones y las pesadillas que tuve anoche he sacado mi conclusión final, y ya está decidido que hoy será nuestra despedida. La opción de tirar al tacho de basura la comida cuando ésta confabula contra tus planes y tu integridad ya no se ve tan descabellada.

Acá no hay culpables, queso crema, porque los dos nos hemos equivocado. Hemos escogido el camino incorrecto y al final del día habremos aprendido una lección valiosa e inexplicable. Sé que creíste que eras importante, que fuiste creado con un propósito, y que ahora delante de este abismo negro de polietileno sientes que vales poco menos que nada. Pero, si esto te sirve de consuelo, quiero que sepas que a pesar de cualquier esfuerzo de insurrección, sedición o lucha por una causa justa, desde que nacimos, tú, yo y todos los seres y objetos que habitamos este planeta que está inevitablemente destinado a borrarse de la memoria colectiva del universo, siempre fuimos poco menos que nada.