Nota aclaratoria: Todos los textos y dibujos publicados en este espacio son creados por la imaginación aturdida de la autora. Todo es ficción. Cualquier parecido con la realidad...


jueves, 20 de abril de 2017

Prípiat

En este segundo alguien se enfurece.

En algún lugar del mundo hay una ciudad con una casa que tiene dentro una mujer que blasfema. En el interior de su cuerpo se acaba de producir un aumento súbito de flujo biliar. Camina de un lado a otro escuchando una canción que le molesta. Esa canción ha sido el material reactivo del final de todo un proceso.

Esa misma mujer pide delivery de comida rápida y se sienta en la cocina a devorar su ansiedad, que por ese mismo acto, se hace más profunda, más visceral.

El teléfono suena pero ella no lo escucha, sigue devorando ese batido verde y homogéneo que es la rabia que todos sentimos cuando alguien que hemos amado ya está amando a alguien más.

Tú no estás amando a alguien más. Y, a menos que sea un secreto, a ti nadie te ama.

A ti todavía no te toman de la mano nuevamente y te preguntan qué quieres hacer por la noche. Tú no has reiniciado tu vida en las praderas del amor; tú sigues igual, trabajando, pagando tarjetas de crédito, haciendo planes a largo plazo y sobretodo acumulando  una cantidad de estrés que podría igualarse a la energía contenida antes de la explosión de la planta nuclear de Chernobyl.
Tú eres, justo al lado de tu comida chatarra, un desastre medioambiental.

En este segundo, una persona que amaste está floreciendo en sana libertad muy lejos de tu casa y sabes que durante muchos años no podrá ni querrá volver. Porque tú, ya en el tranquilo silencio que conlleva el proceso de descontaminación, eres Prípiat, la hermosa y desolada ciudad de los mutantes.



domingo, 2 de abril de 2017

Filadelfia

Estoy siguiendo una dieta saludable y me han dicho que no debo comer queso crema. El problema es que ahora mismo tengo uno de esos quesos en la refri. Lo compré un poco antes de cambiar mis hábitos alimentarios y me dio una pena terrible botarlo porque eso equivaldría a echar a la basura mi dinero y el tiempo que invertí en ir al supermercado. Así que decidí que de todas formas me lo iba a comer y que cuando se hubiera terminado podría llevar mi dieta saludable con un 100% de honestidad.

El asunto acá, el traspié de la vida en esta ocasión, es que mi queso crema no se acaba nunca.
Cada día le unto una cucharada grande a mis tortillas de maíz libre de gluten pero no obtengo resultados. Me da la impresión de que en las noches, dentro de la refri, se regenera.

Hoy nuevamente he tratado de acabar con él en una lucha infatigable en la que, como siempre, ninguno de los dos a logrado reducirse.
Llegará el día apocalíptico, la rebelión de las máquinas, los humanos desapareceremos de la tierra, el mundo será un lugar inhóspito para cualquier tipo de organismo pluricelular, las ciudades del mundo serán tumbas de fósiles sumergidas en el reino del deterioro y la corrosión, cambiaran las leyes del tiempo y el espacio, y juro que ese queso seguirá estando ahí.

De estas reflexiones y las pesadillas que tuve anoche he sacado mi conclusión final, y ya está decidido que hoy será nuestra despedida. La opción de tirar al tacho de basura la comida cuando ésta confabula contra tus planes y tu integridad ya no se ve tan descabellada.

Acá no hay culpables, queso crema, porque los dos nos hemos equivocado. Hemos escogido el camino incorrecto y al final del día habremos aprendido una lección valiosa e inexplicable. Sé que creíste que eras importante, que fuiste creado con un propósito, y que ahora delante de este abismo negro de polietileno sientes que vales poco menos que nada. Pero, si esto te sirve de consuelo, quiero que sepas que a pesar de cualquier esfuerzo de insurrección, sedición o lucha por una causa justa, desde que nacimos, tú, yo y todos los seres y objetos que habitamos este planeta que está inevitablemente destinado a borrarse de la memoria colectiva del universo, siempre fuimos poco menos que nada.

viernes, 10 de marzo de 2017

Marzo


En la radio están pasando un especial de Frankie Ruiz, porque hoy hubiera sido su cumpleaños.

Seguro mujer que hoy eres feliz. Que nada de ayer hoy te hace llorar.

Ayer soñé un recuerdo. Soñé que iba a tu casa y me esperabas sentado en la puerta, con un gesto de fastidio. Yo llegaba apurada y con cara de culpa, mirándote de costado como una paloma, siempre con miedo de que te hubieras aburrido de esperarme.

Perdóname, no me di cuenta de este juego y me enamoré...

Después de esos tiempos no he vuelto a dejar que alguien me trate mal.
Abro un trago y brindo sola, en pijama y sin zapatos. Canto en voz alta esa salsa de antaño que me hace recordar a mi papá, y a mis exs. Hoy voy a recordar a los hombres que he querido.

...que yo podía, si quería, vivir sin tu amor.

Sé que me estoy emborrachando cuando mis estados de ánimo se confunden entre sí y me pongo triste pero estoy alegre. Me da risa porque son las 11 a.m. y yo debería tener cosas más importantes que hacer en lugar de estar celebrando el cumpleaños de Frankie Ruiz en mi cuarto.
Miro mi celular para revisar los pendientes del día, abro la ducha y le subo el volumen a la radio.

Seguro mujer que hoy eres feliz, que puedes hacer lo que quieras tú...


https://www.youtube.com/watch?v=xejr-tCYsHk


lunes, 13 de febrero de 2017

Historia de cómo perdí un trabajo en el 2012

La vida se me complicaba así: eran las dos de la tarde y yo quería leer. Yo necesitaba entender las razones de Lewis Carroll, el por qué de todas sus perversiones románticas, estéticas, fotográficas y quiméricas. Yo quería llegar más allá: hacer un agujero hondo en el jardín de alguna fiesta, disminuir en tamaño y edad, traspasar la dimensión fosilizada de cientos de raíces y encontrar la respuesta de por qué el ideal solo existe como ilusión.

Pero tenía que trabajar. Estaba comprometida con el desarrollo empresarial de mi país y con una bandeja de entrada llena de motivos urgentes que yo misma había ordenado en jerarquía de colores. Mi inmersión en la sociedad utilitarista había decantado en el total aniquilamiento de mi libertad, mas no de mis ansias de la misma.

Eran las tres de la tarde y yo quería ver películas, estudiar nuevas formas de expresión visual, identificarme, anexarme, memorizar todas las frases de ese asolapado pero drástico adoctrinamiento que te da el arte.

Pero nada de esto se puede cuando hay que seguir ordenes y entregarse al tiempo. Entregarse. Darse a la vida como un obsequio y recibir de la misma manera todo lo que venga de las manos de otros, o peor aún, recibir a los otros, completos en alma y cuerpo. Cuando tienes sexo con alguien estás teniendo sexo con todas las personas que estuvieron ahí antes que tú.

Eran las cuatro de la tarde y yo nuevamente estaba cansada de las trayectorias, de los pasadizos, de las ideas, de la gente, de la ciencia y también de la ciencia ficción; estaba hastiada, aburrida de buscar y no encontrar las respuestas que me permitirían hacer un balance coherente sobre mi falta de motivación. Estaba hasta el orto de las voces humanas empujándome desde todos los ángulos existentes, sin saber que en estricta física el resultado de la suma de fuerzas es nulo. Yo quería ser alguien mejor. Yo quería dejar todo tirado sin que me importara un carajo el horario laboral y correr detrás de una ilusión como un conejo histérico con trastornos de ansiedad.

Y aunque la sociedad juzgara mi incapacidad para vivir en simbiosis y mis necesidades no fueran analizadas en ámbitos poéticos o literarios sino más bien psiquiátricos, yo quería hacer (sola y únicamente) lo que a mí más me gustaba. Y a mí lo que más me gustaba... era estar contigo.


https://www.youtube.com/watch?v=haBpm6hUPmU


domingo, 18 de diciembre de 2016

:)

Recorro los pasillos de Crisol con tres libros entre los brazos. Llegando a la caja veo entre las ofertas un libro que siempre he querido leer "Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce". Siento un cosquilleo entre las piernas, me vengo, pienso. Levanto la cabeza y me divierto pensando que todas las personas que se cruzan conmigo ignoran que justo ahí, en la paciencia de su mirada, se me está humedeciendo la trusa. Pienso que este mini orgasmo es el preámbulo de la paja memorable que me voy a hacer llegando a mi casa, pensando en cómo me vine anoche con J. y cómo ese recuerdo intensifica ahora mis placeres cognitivos. Saco mi tarjeta de crédito. Ya sé que había dicho que no la volvería a usar pero hoy soy una persona feliz y mis actos están atados al significado de esa condición; lo siento hermanos, pero nada puedo hacer para liberarme de la lujuria y la negligencia. De todas formas no me dejaré llevar eternamente por el disfraz de los trastornos glandulares, volveré a ser una persona honesta cuando mis niveles se restablezcan y en ese futuro absurdo y lineal nada de lo que tengo ahora podrá volver a hacerme feliz. Yo seré el vacío y tu serás mi fiesta.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

T.

Si pudiera, si me dejaran, tendría toda la plata del mundo.
Ese día iría a buscarte y tú te reirías de mí, me llamarías "capitalista", reducirías hasta las cenizas mis facultades intelectuales con tu sabiduría multidimensional, pero yo, necia, seguiría eligiendo tener toda la plata del mundo. Entonces podría llevarte lejos, a un lugar más grande y lindo en donde no existan escaleras de caracol que te quiten tiempo o vecinos obesos que escuchan muy fuerte la televisión. Si tuviera toda la plata que ansío tener, podría llevarte a nuevos conciertos, ¿te imaginas? verías a todas las bandas del mundo y estarías siempre sonriendo y llenándote de nuevos y mejores recuerdos. Pagaría todas tus deudas y haría lo que fuera necesario para sacar adelante tus proyectos, te ayudaría a ser el mejor escritor, el más grande guionista, el actor sonriente parado delante de la chica ebria que le canta una canción. Te llevaría a muchos lugares para que la vida se te haga grande y te llenes de ambiciones y metas que puedas alcanzar con solo desearlas, y en la noche pediría muchas cervezas en algún bar para quedarme contigo bailando más tiempo antes de empezar alguna pelea que nos separe nuevamente, porque al final ni los más necios del mundo tienen lo que tanto desean.

miércoles, 5 de octubre de 2016

La rebelión de los objetos.

Una extraña rebelión me sujeta los pies. La tecnología me quiere dejar en claro que mientras este mundo siga evolucionando en favor de las máquinas, yo nunca, pero nunca, tendré el control de mi vida.
Ayer comenzó. El router fue atacado por fuerzas involuntarias (uno de mis gatos) y salió volando. Ahora permanece muerto, oculto tras la sombra del gran estante que ocupa toda la pared de la sala. Entonces hoy, como no tengo internet, leo. Leo un cuento de Kafka. Es la descripción de los once hijos de un hombre anónimo. A mí eso de no saber quién es la gente me da un poco de angustia, ansiedad más bien, pero igual me entretengo. Me quedo pensando en el último hijo, el más débil, el que sueña con volar lejos y llevarse al padre en los hombros.
Rodrigo me llama. Hay una urgencia y tengo que enviar un diseño en media hora, ¿cómo hacemos?, me dice. Pues, no sé, no sé cómo hacemos.
Me levanto rápido para buscar a algún amigo que esté en casa y pueda prestarme un espacio para ir un rato a trabajar. La pantalla táctil de mi celular lleva días respondiendo de forma lentísima y me demoro un minuto y medio aproximadamente en escribir la palabra "hola". Luego de una batalla bastante dramática con el aparato ese, por fin logro comunicarme en lenguaje casi primitivo con un amigo que vive cerca y voy para su casa. Son las 2 de la tarde y a las 7 debo estar en la graduación de mi hermana. Trabajo a velocidad maratónica, envío mis pedidos, respondo correos, analizo semioticamente cada capa de imagen trabajada, miro la hora constantemente y a las 5 salgo corriendo en dirección a mi casa para bañarme y salir nuevamente. Llego y entrando nomás me doy cuenta de que tengo hambre. Me meto un pan frío a la boca y abro el microondas para calentar café, pero el microondas no se prende. Reniego y busco el cable del enchufe, pero el cable del enchufe está ahí, perfectamente conectado. Entonces pienso que esto solo puede obedecer a una razón... prendo el foco de la cocina y no pasa nada. No hay luz. Se ha ido, le digo en voz baja a una persona invisible parada frente a mí. Camino lentamente por la casa, pensando y esperando, ya va a venir, debe ser una falla momentanea. Ya va a venir. Pero no viene y los minutos pasan más rápido que nunca. He regresado al pasado, la telefonía móvil 4G es un sueño pendiente en la cabeza de alguien, es fines de los 70, la luz es Joanna y esto es Kramer vs Kramer. La tecnología se me rebela en conspiración con el cosmos. "La rebelión de los objetos", Saramago siempre tuvo razón, los sucesos no ocurren de manera casual, no exiten los accidentes, todos los objetos del mundo tienen un alto nivel de conciencia, una energía propia, nos conocen, nos ven, saben nuestros nombres y nuestras debilidades, hoy vas a caer, me dice la pantalla negra de mi celular, hoy caes.
Pero yo no soy cualquiera, yo soy una mujer terca con mañas de clasemediera tercermundista, así que hacen falta más cosas que las luces parpadeantes de los aparatos electrónicos para detenerme. Además he visto todos los capítulos de Doctor Who. Caliento agua en la tetera y busco una tina grande. Así, a la antigua, como se baña la gente en los caserios de la sierra, como baña mi amiga Milagros a su hija de 2 meses mientras le agita de vez en cuando una sonaja para que ella pueda relajarse y sonreir imaginando sabe dios qué cosas con ese cerebro nuevecito. De la misma manera me baño yo ahora, pero con prisa y con la imaginación ya muy contaminada. Salgo de la ducha mojando la madera del piso. En otro tiempo mi mamá me hubiera hecho secarlo, pero ahora tengo libertad para destruir y/o construir sobre lo que mis padres alguna vez creyeron suyo. Unos cuantos años y somos nada...
Levanto la mirada para ver la hora y me doy cuenta de que el reloj también se ha parado. Esto sí no me sorprende. Me hace sonreir. El reloj lleva parado varios días pero nunca me importó, habiendo tantos lugares en los que uno puede ver o escuchar la hora dentro y fuera de su casa, ¿qué demonios importa un obsoleto reloj de pared lleno de polvo?. Importa mucho hoy que la pantalla de mi celular se rehusa a condecender a la fuerza de mis dedos. Pantalla insumisa con 5% de batería.
Quiero ser un gato, pienso mientras corro en dirección al paradero estirando el brazo para que me vea el chofer de la combi. Quiero ser un gato en New York, la mascota peluda y vagabunda con cara de no me toques imbécil de Madame Chiang Kai-shek, entonces nunca tendría que detenerme a ver la hora, ni cargar mi laptop, ni humillarme ante mi celular. Toda mi vida se resumiría al Credo quia absurdum.
Subo a la combi con la sensación de que he triunfado. A pesar de todo voy a llegar a mi destino a la hora programada, le he ganado a la rebelión de los objetos me digo complacida y no puedo evitar sonreir. El cobrador se acerca y yo meto la mano en mi cartera solo para darme cuenta de que mi monedero no está ahí. Me lo imagino entre las sombras, estático en algún lugar de mi casa. Miro por la ventana. El carro avanza. Quiero ser el perrito huesudo en la bolsa de Paris Hilton, quiero ser Paris Hilton...

lunes, 18 de julio de 2016

Almost blue

Me estoy dibujando y siento que soy una persona sin identidad, un ser ficticio. Es que los ojos. Los ojos me han salido extravagantemente redondos y el pelo... el pelo negrísimo, espectral, tonos muy virados al verde además. Más que un autorretrato parece una interpretación libre de la fauna salvaje hecha por un pintor amateur impresionista. Bien mirado, creo que no me parezco a mí. Más bien eres tú. Eres tú, jodidamente. Me siento en el piso, cierro los ojos y me dejo enternecer por algunos pensamientos. Me digo que, sin saberlo, siempre te he esperado (no fue buena idea pintar escuchando un disco de Chet Baker), a pesar de que antes no había percibido de manera consciente la nostalgia que me guiaba todas las tardes a la ventana y me hacía mirar detenidamente la avenida, inhalar ese viento frío, recostar medio cuerpo en el sillón como quien sabe que solo se va a quedar un ratito y mejor no se acomoda.
Pero basta, lo que importa acá es el concepto. Aunque los conceptos de mi vida hace tiempo se han apastelado y difuminado y ahora hay una sola palabra que me encierra. Una firma ininteligible. Ese pedacito de garabato diminuto y arrinconado sí que soy yo. Almost doing things we used to do... canto bajito. Me pongo en cuclillas y me subo el jean para levantarme de un solo impulso. Pero algo falla, las maderas bajo mis pies traquetean inconstantes y me hundo, me voy hacia atrás como un animal que cae torpemente en una trampa. There's a girl here and she´s almost you...


https://www.youtube.com/watch?v=z4PKzz81m5c


jueves, 31 de marzo de 2016

Palomas.

Recuerdo el día que te cagó una paloma en la cabeza. Estábamos caminando por la avenida con los chicos de la universidad, íbamos como siempre a comer al mercado de Surquillo porque era buenazo, barato y servían un montón. Nosotros nos habíamos quedado atrás conversando y de repente noté que te movías de manera rara. Cuando te miré tenías una especie de torta blanca en el pelo y te limpiabas apurado y nervioso. No pude contenerme y me reí estrepitosamente mientras tú te ibas desesperando más, cállate pues huevona, si se dan cuenta me van a joder un culo. Tuve que respirar hondo y callarme, no quería que se burlaran de ti. Tengo esa imagen acá (y me doy toques en la cabeza). Te veías tan tonto, tan tierno. Saqué un pedazo de papel higiénico arrugado de mi mochila y te lo pasé por el pelo. Fue lo más cerca que estuve de cuidarte, de protegerte como a un niño. En la noche, saliendo de la última clase, le contaste a los chicos que por la tarde te había cagado una paloma pero que ninguno de ellos se dio cuenta y te reíste, porque a esa hora ya habías logrado evadir la burla pública y te sentías más chévere que el resto.
Después ya no hubo nada. Una amistad linda que no pasó de eso, miradas cómplices, gileos de madrugada que terminaban en bromas estúpidas, recuerdos de caricaturas de los ochentas, y una declaración a medias que no llegó a tener respuesta.
Ahora, diez años después, me compro un vestido para ir al bautizo de tu primer hijo. Camino buscando un regalo y me pregunto cómo sería la vida si nos hubiéramos enamorado en ese trayecto de caminatas interminables y latas de cerveza mirando la playa mientras nos contábamos los secretos familiares que habían ocasionado nuestros traumas adolescentes. Cómo sería todo si hasta ahora estuviéramos juntos y fuera yo la que se sienta en la mesa de tu departamento a sacar cuentas contigo y recordar los apellidos de nuestros amigos de toda la vida. Los más memorables, los mejores. Me halaga estar en esa lista. Compro un regalo lindo para Gabriel y un vestido sobrio para mí y te envío un mensaje confirmándote que recibí la invitación y que asistiré puntual a la iglesia pero que solo podré quedarme un ratito al almuerzo porque tengo una reunión a las tres. Me respondes casi inmediatamente para decirme que estás feliz de volver a vernos a todos y que ese día es aún más importante por esa razón agregada. La charla se acaba rápido y yo tomo un taxi de vuelta a mi trabajo y recuerdo también que cada vez que te molestabas fingías parar un taxi y yo corría a retenerte con un abrazo aunque sabía que no te ibas a ir porque en el bolsillo solo tenías dos soles y un par de cigarrillos medio doblados. Desde eso ha pasado tanto. Me gusta saber que el tiempo te ha traido una buena vida y que a diferencia mía (que hasta ahora no sé a dónde voy), estás estable, tranquilo, enfocado.
La calle está despejada y llego al toque.
- ¡¿Te has comprado un vestido?! Pregunta Andrea cuando me ve entrar a la oficina.
- Sí, respondo, tengo que ir a la iglesia el sábado porque... 
- ¡Te casas!
Siento cómo se me va el aire y tengo que apoyarme en una silla para reponerme. Estúpidos golpes bajos...

lunes, 15 de febrero de 2016

Neurotransmisor

Miro con detenimiento el techo de mi cuarto y noto que las líneas de pintura resquebrajada dibujan un tiburón y una manta raya. Bien, otro gran momento de la noche.
Nada como la felicidad post-orgásmica y el cosquilleo blando de los músculos regresando a su lugar. Soy víctima de mis reacciones fisiológicas y sonrío sin poder evitarlo. Estoy infestada de dopamina.
Me envuelvo en el edredón y doy lentos giros en mi cama, de izquierda a derecha. Muevo y estiro las piernas suavemente. Los ojos se me cierran.
Me despierta él, que ha regresado del baño y ahora se está cambiando.
-Te has demorado un montón- le digo
-Es que me quedé acariciando a un gato y después se me acercó otro. Creo que así, calato, no me tienen miedo.
Yo me río porque sigo feliz y porque él a veces es tan dulcemente idiota. Vuelvo a cerrar los ojos y entre nubes escucho su voz diciéndome algo sobre unos Tortees. Luego se acerca y me da la almohada que siempre abrazo para dormir y que con el alboroto había salido volando. Se despide y yo finjo estar dormida. Escucho sus pasos alejándose y el tintineo de los ángeles de cerámica que cuelgan de la puerta. Ese sonido, el de alguien yéndose, siempre ha sido uno de mis favoritos.
Estoy contenta porque sé que pasaré los siguientes días enamorada de un recuerdo poderosamente bello y seré una mejor persona por su causa. Más sonrisas comprensivas y menos estrés reactivo para con mi congéneres. Estoy infestada de dopamina.
Vuelvo a mirar la fauna marina del techo y pienso en la belleza situacional del universo, luego se me vienen a la mente cosas como las paredes del cuarto de Basquiat y La Capilla Sixtina. Me río. Me duermo sonriendo.


sábado, 23 de enero de 2016

Calata mood

Son las once. Tú estás en tu casa con una pijama secreta. Raquel duerme y yo leo. Me pongo reflexivo. Estiro el brazo para coger la taza de café y rompo un espejo irresponsablemente olvidado en la mesa de noche. Hago añicos todos los buenos presagios puestos en mi matrimonio.
Estoy lleno de recuerdos y datos imprecisos. En las noches me da por acordarme y no quisiera no batallar solo. Quisiera compartir algunas de mis memorias contigo y saber tu valoración de las mismas. Por tu carácter, sé que sabrías aportarme objetividad. Sobre todo en momentos como este, en los que no llego a ninguna conclusión lógica porque no puedo dejar de pensar en tu pijama secreta. Soy muy curioso. Soy un adicto a las pijamas de mujer en verano. Y al rivotril. Pero eso ya lo sabes, es cuento viejo. Tu interés en esa información en una escala del 1 al 10, probablemente sea de 2. Siendo generosos.
Esas cosas te aburren porque, en realidad, no te caigo tan bien, solo me soportas.
A esta hora ves películas, tratas de hacer yoga o fumas un cigarro en la ventana de tu cuarto, pero nunca, bajo ninguna suplica, te tomas una foto para mí. Me dejas todo el tiempo imaginándote la postura, la sonrisa. Y bueno, también la ropa interior.
Me escapo del cuarto y pongo el disco de Sweet Smoke que me regalaste. Te imagino ahora china, muy china, bailando y sonriendo con tus dientes grandes.
Te escribo preguntándote si puedes hablar un rato y me respondes que estás caminando por la calle y que podrías tropezar. Te digo que es la choteada más rara que me han dado en toda la vida y por ende la más humillante. No respondes, solo te ríes como de costumbre con excesiva amabilidad.
Creo que me soportas mejor cuando no tienes nada que hacer y estás en casa, en pijama y despeinada. Pero tu mejor humor para hablar conmigo siempre es bien temprano, cuando sales de la ducha y te estás alistando para ir a trabajar. Así, en calata mood, nunca me has rechazado.


martes, 5 de enero de 2016

Una cerveza, por favor.

Le digo que no me gusta el ceviche, con cara de asco. Pero estoy mintiendo. Acto seguido me sirvo un vaso de cerveza y me lo tomo de porrazo porque según yo tengo mucha sed. Pero con eso también estoy mintiendo. La verdad es que no quiero comer delante de él porque en situaciones como esta me pongo muy torpe y me da miedo que se me caiga la comida de la boca o se me manche el polo. Y estoy bebiendo desenfrenadamente porque necesito que el alcohol haga efecto en mí de una vez y se me pase el pánico.
Él está relajado, pide algo de comer, se sirve lentamente un poco de cerveza. Me mira a veces y sonríe, responde con monosílabos. Está concentrado en su comida, los hombres siempre son así cuando tienen hambre. 
Cuando termina de comer yo ya he bebido cuatro vasos llenos y las manos han dejado de sudarme. ¿Se habrá dado cuenta de que estoy nerviosa? Creo que voy bien. Siento que esta noche tendré buena suerte.
Ahora empezamos a conversar. Ya estoy más suelta, mas relajada. Hago chistes estúpidos sobre mí misma y las cosas que me pasaban de chibola cuando salía a beber con mis amigos de la academia. Él se ríe y también me cuenta anécdotas parecidas. Luego nos vamos dando cuenta de que frecuentábamos los mismos bares, que la hemos cagado de formas idénticas y que pensamos igual sobre los conflictos amorosos y amicales. 
Hay química. Si esta noche no terminamos tirando es porque algún cometa se desvió de su ruta y cagó mi destino, pienso. 
Han pasado un par de horas. Brindamos por no sé qué y respiramos un poco porque recién hemos dejado de reírnos de una anécdota graciosa sobre uno de sus amigos del trabajo. El viejo ritual de recordar las humillaciones de otros para llenar los vacíos de sobremesa se acaba. Nos quedamos en silencio y él se amarra el pelo. Le digo que cuando lo deja suelto me gusta más, entonces él sonríe y lo vuelve a soltar.
Sí. Hoy tiro, pienso nuevamente.


viernes, 25 de diciembre de 2015

Primera cita.

"No te rías, yo sé que no canto tan bien pero no por eso voy a disolver mi banda. Mira, puede que no hagas todo genial pero puedes ser genial haciendo todo lo que haces, aunque lo hagas mal. ¿Entiendes? Así nacen las cosas. Métetelo en la cabeza. La gente que quiere hacer todo perfecto al final no hace nada, porque la perfección es imposible. O solo hacen un par de cosas que han aprendido bien y ahí se les acaba todo. No se arriesgan y si te das cuenta siempre están inconformes y de mal humor. 
Si te quedas conmigo hoy te voy a enseñar mis teorías sobre el amor y la realidad y mi ensayo sobre la eliminación del miedo al ridículo en 3 tomos. Además tendrás acceso a mis apuntes con escritura especular, porque sé que no se me nota, pero soy uno de esos genios zurdos. No te rías así, cuando pierda los cuatro kilos que subí el mes pasado y me crezca la barba me vas a creer todo con solo mirarme. ¿A ti te gusta Babasónicos?".


domingo, 20 de diciembre de 2015

Caricia mental

Tal vez yo, así como los demás, llegue a encontrar el amor.
Pero en las perversidades. En la anormalidad.
En una guitarra distorsionada, en la risa macabra de la voz que me ha dicho que no, en el lapislázuli fúnebre de mis adornos sin cabeza, en los ojos amarillos que hace tiempo me miran reincidentes.
Tal vez también yo tenga a una boda linda y me deje fotografiar. Y respire hondo cuando me abracen mis amigos. Yo, así como los demás...


https://www.youtube.com/watch?v=NlP-Q048aDM

domingo, 22 de noviembre de 2015

Señor Ed.

La semana pasada estuve por Buenos Aires. Quise ir a visitarte como tanto te había prometido hace años, pero me estuve quedando casi todos los días en Palermo y cuando pregunté dónde quedaba Ramos Mejía me dijeron que estaba muy lejos, y nadie quiso acompañarme.
Además estuve tan ocupada; ya sabes, tours, paseos, lugares de entretenimiento. Y todo con fecha límite. Quería escribirte para decirte que lo siento, que debí llamar, enviar un mail, tratar de ubicarte. Tambíen para decirte que aún conservo el sapo que canta, el oso panda de peluche, las cartas de Magic y las notitas tuyas con caligrafía zigzagueante.
Hizo bastante frío el día que fui al Cementerio de la Recoleta. Le deje una flor a Evita y en ese momento también pensé en ti, en las charlas de madrugada, cuando me recitabas los discursos más célebres de Perón, tu tan citado modelo de conducta. Y en las calles recordé la moto marca Motomel que te compraste para conquistar chicas y que, al paso del tiempo, te dio buenos resultados.
Sueño aún con conocer tu casa de patio largo y acercarme a acariciar a Pelusa, Casilda y Negrete, cuyas anécdotas felinas me sé de memoria gracias a tu genuino talento para contar historias. No he olvidado nada de lo que alguna vez me dijiste.
Te abrazo desde otra ciudad. Y te dejo la promesa de que pronto estaré cerca nuevamente y cumpliré con el pacto establecido.
Si me dejas. Si tienes tiempo.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Hey Hey, My My

Le digo a B que me hace pensar en una película warholiana cuando despierto y lo veo mirándome. Se me ocurre que lleva horas ahí, contemplando ensimismado el arte de dormir o (siguiendo con la cinematografía) la ciencia del sueño. Sí pues, el amor hace de tus actividades prosaicas escenas inolvidables. Inolvidable es, por ejemplo, Gael García, travestido, cantando "Quizás, quizás, quizás" en La mala educación, o la misma figura en Tacones lejanos, pero esta vez con Miguel Bosé.
Yo bailando sin pantalones y B observándome de rato en rato mientras afina su guitarra. Yo tratando de ser Christina Ricci en Buffalo 66.
Nada de lo que pase entre B y yo será en vano, pero tampoco estará destinado a prosperar. Si algún día hago cine, contaré esta historia uniendo retazos de mis películas favoritas en un intento de explicar nuestra relación dramática y absurda, y la canción de cierre será My My, Hey Hey de Neil Young, la canción más acertada puesta en una película en toda la historia. Qué inolvidable, tirarme la pera en la universidad para ir a ver el especial de Dennis Hopper en el Centro Cultural de España, a las cuatro de la tarde, hace miles de años, cuando todavía no conocía a B y usaba poleras largas y mochilas flojas.
B sale del cuarto gritando algo sobre la falta de atención y dando un portazo. Yo siento que se acerca mi momento musical, la solución a mis problemas narrativos y emocionales. Salto de la cama y cojo su guitarra. Este instante podría ser tragicamente perfecto. Pero con B nunca se sabe y puede que en media hora regrese feliz, con una cajetilla de cigarros y dos sopas instantáneas. Bueno, de todas formas: the king is gone, but he is not forgotten... 


https://www.youtube.com/watch?v=cawk2cMTnGo



jueves, 1 de octubre de 2015

Ser

Todos los días se aprende algo.
Hoy aprendí que si metes pan de molde con queso y tomate al microondas, no sale una pizza.

Me gusta escuchar canciones románticas sesenteras mientras reflexiono sobre el amor, o mientras pienso a qué restaurante voy a ir ahora para aplacar el dolor de mis fracazos culinarios.
Ya no estás más a mi lado corazón, en el alma solo tengo soledad - canto mientras abro el tacho de basura y arrojo lo que pudo haber sido mi cena.
A veces hay que rendirse, saber decir: bueno, hasta acá nomás me afano, me retiro de la lucha. Estas canciones me ayudan a aterrizar ese tipo de ideas.
Y si ya no puedo verte, qué poder me hizo quererte...

Cuando una está sola no tiene mucho que reclamarle a los factores externos.
Ayer mi amiga Gracia sufrió otra decepción y me dijo que lo único que le pediría a Dios es no volverse a enamorar. Tenía los ojos llenos de lágrimas empozadas y una hamburguesa en la mano. No pude evitar soltar la carcajada. Ella sonrió porque creo que también notó lo ridículo de la situación. Gracia no sabe muchas cosas de la vida, por eso todavía es una dulce compañía. Para mí está bien, me gusta su espíritu masoquistamente incansable.

Yo me esfuerzo por quererme a mí misma, y me cuesta como mierda. Entonces querer a otros me cuesta 5 veces más. Es un desperdicio de energía. Desisto, me bajo del coche. Ya no creo que alguien sea tan importante. Ahora estoy tratando de enamorarme de mí y dios sabe que la estoy luchando, así que si alguien tiene intenciones de arruinar mis planes por favor párese ahí, no interrumpa.

A los 29 años quiero darme el lujo de tener afianzados algunos conocimientos y, como es propio, hacer uso de ellos.
Ya no pido nada, de repente por ahí que me salga bien una pizza cuando me está matando el hambre o que un hombre atractivo me diga que sí cuando quiero recibir mi dosis mensual de fluido espermático. Soy un ser de instintos primarios. Todos los días trato de aprender algo en evolución inversa, me voy deseducando. Hace años (cuando quería ser un lejano laberinto orbital regido por las leyes de la alquimia) un chico me dijo que yo era un "ser básico" y me molesté. Ahora creo que esa es una gran virtud. Hay que trabajar bastante para volver a ser lo que realmente es uno, después de que las normas sociales te han convertido en otro.

Hay que hacer siempre lo que el organismo disponga, sin sentir miedo, pena o vergüenza.
Si me quiero ir de una fiesta, me voy nomás, y si quiero callarme, bueno, me callo.


domingo, 17 de mayo de 2015

La que te quiere.

Siempre he sido yo la única que te quiere.

viernes, 24 de abril de 2015

Silencio.

Es la primera vez que me pasa.
Mis relaciones siempre han terminado con un “vete a la mierda, no quiero saber de ti nunca más”.
Y fin, todos lejos y felices.
Pero contigo no pude liberar al demonio en mí y me quedé callada. Ese fue mi jodido error.
Basándote en esa reacción has decidido creer que soy uno de los mejores humanos del mundo y te has quedado. ¡Qué bien! ahora somos amigos, y el hecho de haber pasado dos meses juntos, durmiendo calatos, hace que me tengas toda la confianza del universo.
Y ahí estás, contándome los nuevos problemas amorosos que aquejan tu vida y nublan tu tranquilidad. Es que tu nueva chica es, según tú, una inmadura egocéntrica, pero la quieres y ¿qué puedes hacer?. Me pides consejos y yo, estoicamente, he optado por seguirte la corriente y ser lo que quieres que sea. Entonces te respondo, te ayudo con la crisis, te suelto palabras alentadoras haciendo gala de mis genes de psicóloga en una madrugada cualquiera, y me admiras porque: cuánta madurez hay en mí.
Quiero gritar. Quiero (como toda chibola) eliminarte del feisbuk, borrar tu número de mi agenda, quiero chaparme al vecino en tu cara y preguntarte cómo te atreves siquiera a creer que tú y yo podemos seguir siendo amigos después de que preferiste estar con otra a estar conmigo. ¡¿Qué eres?! ¡¿un demente?!

Pero ya no puedo retroceder. Me doy cuenta de que, sin querer, me has convencido de algunas cosas. Así que inhalo, exhalo y respondo con un efervescente “holaaaa” tu último saludo en el whatsapp.
Sí, carajo, soy especial. Soy el mejor ser humano del mundo.


sábado, 17 de enero de 2015

Dos

De noche, saliendo del trabajo, he pasado a recoger un encargo en casa de él.
Nosotros cuando nos juntamos entramos en una especie de trance. Dentro de este trance nos olvidamos un poco, o casi completamente, de que existimos en un mundo lleno de otras miles de cosas, cosas reales, serias, que hay sociedad, colectividad, gente que nos quiere y espera mucho de nosotros. Ese es el antipoder de nuestro encuentro.

Pienso en Hancock. Así me siento. En esa película Will Smith y CharlizeTheron son una especie de dioses que pierden la invulnerabilidad y los poderes cuando están cerca el uno del otro, volviendo a ser mortales.

Llego a su casa para pasar el rato. Fumamos weed en su cuarto y tomamos varias chelas, nos reímos alucinando canciones y videos ochenteros que ahora son pura nostalgia.
Nos besamos hasta absorbernos media alma, nos quitamos la ropa rápido y tiramos hasta sentir que estamos violando a la vida, sacándole la mierda en el piso, haciéndole pagar toda la mala leche de varios años que no se nos olvidan.
Cuando el trance ha terminado ya todo es nuevamente colectividad y gente que nos quiere y respeta. No hay que fallarle a nadie y el amor no sirve para eso. Complica, entorpece.

Me voy de su casa rápido porque al día siguiente se trabaja temprano y necesito dormir. Voy camino a mi cuarto soñando con mi cama, mi limonada frozen y por ahí alguna buena película sangrienta que me arrulle. Se me acaba de ocurrir un cuento y tengo además una idea genial para la gráfica de mañana. Mi mente está nuevamente apta.
Lejos de él otra vez estoy bien. Soy supersónica, inmortal.

jueves, 9 de enero de 2014

?

2014.

Estamos en tu casa. En el piso 18 de un edificio que está estratégicamente ubicado frente al mar de Lima. Estamos en el aire.

Tu planta de cannabis, que es como tu hija-mujer-amante, está enorme y los nuevos cuadros de tu sala con motivos circenses son tan geniales que se me olvida que no me gusta nada relacionado con ese tema.

Se está bien en este lugar. Es ese olor a comida de mamá, es esta falta de gente y bullicio, es esta cantidad innumerable de libros de historia y ciencias sociales, es el psicoanálisis, es Kant, son las piedras de colores en el centro de la mesa.

Yo sé que me tengo que ir. Yo sé que esto es sociología, estadística descriptiva, y que aquí se proyecta la gráfica de mi ascenso y decadencia en la casa que he adoptado como enfáticamente mía. No encajo en tu mundo porque los dibujos que pegué en tu refrigerador son sólo forma, sin mero contenido.

-¿Hasta qué punto puede alguien saber lo que es conveniente o no?- pregunto.

-Somos seres humanos, somos mejores que los simios. Todo es calculable - respondes.

Yo sonrío y me sirvo un poco más de vino. Sé que muy pronto me tengo que ir.


jueves, 19 de diciembre de 2013

Milena 2

Milena está enamorada. Está enamorada de una mujer.
Milena también es mujer, es femenina y ha tenido novios, como todas las mujeres.
Pero ahora está enamorada de una mujer y eso le gusta.
No digo que esté mal pero...  ¿Qué irá a decir su madre?

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Instrucciones para ser feliz 10 minutos.

Primero hay que aburrirse. 
Luego buscar por toda la casa hasta hallar ese círculo escurridizo, esa mansión de ácaros domésticos.

Acto seguido se desentraña la madeja con precisión casi quirúrgica y se retuerce cada uno de sus filamentos con máxima entrega, como si de ello dependiera la continuidad de las estaciones o la sucesión de los períodos orbitales.

Una vez logrado esto, se contempla el cadáver destazado e inservible de la materia que desde este momento deja de ser el objeto de nuestro deseo y se retira uno a otra habitación a lamerse la carita.

Esto y sólo esto hay que hacer para no aburrirse una tarde de invierno, para alejar de nuestras almas la inutilidad y la desidia, y alcanzar cierto grado de satisfacción en la vida.

Pero para esto hace falta ser gatito. Y uno no es gatito, lamentablemente.


viernes, 6 de diciembre de 2013

Nadie me quiere

Con motivo de fiestas navideñas, en el trabajo estamos jugando al amigo secreto.
Todos los días alguien es sorprendido con un chocolate en su escritorio, un colorido post it con un mensaje positivo en la pantalla de su PC o algún otro gracioso detallito. Ahí se ve el cariño de este ser anónimo para con su agasajado. Cariño que por lo visto yo no me he ganado.
Dos semanas han pasado desde que se inicio este estúpido juego y mi amigo secreto no ha dado señales de vida. Bueno, el lunes encontré un caramelo de limón (de esos que le compras en el micro a los creyentes renacidos del Centro Victoria) en el piso, muy cerca a mi escritorio. Y yo he querido creer, suponer, asumir, que este ha sido un detalle dirigido a mí y no un accidente cualquiera, porque no he visto a nadie buscando un caramelo de limón en la oficina.
Desde ese día, cuando alguien me pregunta si mi amigo secreto ya me sorprendió con algo yo digo que sí. Y es que de verdad estoy sorprendida. Yo me llevo muy bien con todos, jamás he tenido discusión alguna con mis compañeros de trabajo, soy tímida, no molesto, no soy impertinente, mis chistes son tontos y la mayoría de veces almuerzo sola hablando por teléfono con mi mamá. No entiendo el motivo de tanto desamor.
Ayer bajé a sacar unas copias y dos compañeros nuevos me miraban y cuchicheaban sin mucha discreción, ¿Disculpa, cuál es tu nombre?, me preguntó uno, Melissa, dije, segurísima de que por fin mi amigo secreto había descubierto que yo era yo, - Melissa, tienes el polo levantado por atrás, dijo uno de ellos, sonriendo nervioso. Ni siquiera me interesó la verguenza de tener el sostén al aire, lo que más me ofuscó fue que nuevamente mis sospechas estaban en el nivel cero. Me fui molesta y en silencio.
Yo, en venganza, tampoco le he regalado nada a Naty y ella pasa todos los días por cada sitio gritando a viva voz que desea que su amigo secreto se haga presente con una Coca Cola heladita o un chocolate Vicio. "Esto vas a tener" pienso y levanto el dedo medio mentalmente.
No me va bien con este juego desde el colegio, cuando mi amigo secreto fue Jean Paul, el niño más hiperactivo y distraído del salón, que obviamente nunca recordó que debía dejarme alguna notita o regalo en el transcurso del mes y terminó regalándome, el día del intercambio, una pulsera de oro sacada a escondidas del joyero de su mamá, que luego tuve que devolver.
Por lo pronto pienso darle una última oportunidad a mi suerte y relajarme con este tema. O ponerme a llorar en gerencia porque, una vez más, nadie me quiere.



Verano otra vez



Ese verano fuiste a buscarme y me hablaste de secuestros, soldados y dibujos.

Ese verano habían puesto renos luminosos en el parque de tu casa y la hija de tu casera me enseñaba sus muñecas mientras terminabas de arreglarte, porque por esos días tenías el pelo muy largo y lo recogías en una cola perfectamente ordenada y es que, aunque lo sigas negando, la vida no es más que vanidad de vanidades.

Los dibujos que te hice no he llegado a encontrarlos, y creo que al final tú te los quedaste, sólo que no recuerdas eso, como tantos otros momentos en los que me desviví queriendo y soñando no sé qué tantas cosas pero, felizmente, de eso ya no se habla.

Ese verano aprendí a hacer mojitos y tú descubriste que tenías facultades de mago. Nos entusiasmamos con las canciones de no recuerdo qué banda nueva y también aprendimos a bailar boleros, en mi cuarto, con nuestra soledad abrazada y la aún viva mirada de mi perro valiente.

De ese verano ya no se habla, pero los días de estas fechas son exactamente iguales a los de los años anteriores. El mismo olor, la misma brisa, las mismas personas haciendo las mismas cosas y esperando las mismas fiestas.

También nosotros estamos caminando por las mismas avenidas, pero ya sin acordarnos de los secuestros al paso, sin pensar en las crayolas ni los discos prestados, hablando con gente que ya no pregunta por lo nuestro, pasando por algún bar en el que ya borraron nuestro nombre.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Manías

Tengo la mala costumbre de imaginarme el cuerpo de las personas descomponiéndose dentro de la madera avejentada y tétrica de un ataúd. 
Tengo el hábito, desde niña, de imaginar el rostro de la gente desencajado, alterado por el terror.
Dibujo lágrimas imaginarias en sus ojos, escucho sus gritos, puedo ver más allá. Atravieso sus pieles y siento el palpitar acelerado de miles de corazones que se rehúsan a dejarse vencer por la fiebre.
Los imagino sangrando, vencidos por el dolor y la miseria.

Hoy ha venido un muchacho nuevo a traer el delivery a la oficina.
Abro la puerta y lo observo. E
ntonces, sin poder evitarlo, lentamente voy deformando sus facciones, arrancando su piel, despedazando su interior hasta dejar en el suelo una masa granate brillante que se confunde con la alfombra y avanza lentamente invadiendo superficies.

Sonrío.


Recibo las diez cajas de Tallarines a la Bolognesa y le doy las gracias. Él también sonríe y me agradece antes de perderse en el infierno repulsivo de esta ciudad macabra que, felizmente, aún no me quita el hambre.